miércoles, 30 de julio de 2008

Otro día de tranqui

Quizá por el ajetreo del fin de semana, hoy he sido un poco vago y he vuelto a quedarme en el apartamento, al que ya casi me refiero como "casa", porque es el lugar donde más he dormido estos días, supongo. He aprovechado para hacer limpieza, pasar el aspirador y esas cosillas, y aparte de ver un episodio de Bleach en la tele y un combate de boxeo (que me ha aburrido y ni sé cómo ha acabado) no he hecho más.

Así que, en parte por no dejar sin nada a mi gente en España (y la que me lea desde otros países, si hay), he pensado en escribir una entrada de "ecuador"

Recuerdo que cuando llegué a Japón, entre el reajuste de sueño, de apetito y demás, tenía bastante morriña. Alguna vez, cuando me despertaba, pensaba "¿Qué hago aquí?". Y esa pregunta se olvidaba cuando me levantaba y me ponía a visitar lugares y a hacer de turista, que era a lo que venía. Pero esa situación sólo se dio los primeros días. Cuando se acabó el cansancio y empezó a aparecer una cierta "rutina" (sal de casa, coge el tren, ve a algún sitio, vuelve a casa, compra la cena de camino, entrada en el blog y al sobre) la verdad es que era una sensación bastante agradable.
Trato de fijarme en las personas de alrededor, sobre todo en la gente del barrio, que por ser zona residencial sería un poco "la vida corriente"
Se ven pocos hombres, la mayoría supongo que estarán trabajando más cerca del centro. Tampoco se ven muchas mujeres, así que las que no estén también en alguna oficina estarán en casa. Cerca del mediodía si se ven más. Quizá algunas que vuelven de un trabajo de media jornada y compran algo de camino a casa, también se ven jóvenes, supongo que de los institutos cercanos, que vuelven a casa a comer. Es decir, que, visto desde fuera, no parece haber muchas diferencias entre la vida normal en Japón, y en España. Eso es algo que me llamó un poco la atención en China, quizá porque era la primera vez que salía tan al extranjero: la gente no se diferencia demasiado.
La vida normal en Madrid, en Beijing, en Hong Kong, en Tokyo... es bastante más parecida de lo que algunos podíamos haber pensado. Es lógico, ya que el mercado funciona igual, algunos precios suben, otros precios bajan, y (esto va por China) el sistema de gobierno no se nota tanto como algunos parecen creer (o parecen querer hacernos creer)
Quizá sea porque la gente quiere cosas parecidas en todo el mundo: trabajar, formar una familia, mejorar su nivel de vida...
No he viajado mucho, ya sabéis que esta es la segunda ocasión que he estado más de una semana fuera de España, pero con esto, y con las conversaciones con amigos que han viajado más (un italiano, un americano, una chica rumana, Alicia, varias amigas japonesas y también españoles) me da la impresión de que cuanto más viajas, más te ves reflejado en las personas de otros países.
A algunos les decepciona China porque esperan un país que parezca más "milenario", o más lleno de kungfu y monjes shaolín, o que vistan ropa extraña, pero llegan y se encuentran con que no se diferencia mucho de sus propios países. Tienen un pasado histórico distinto, como cada país, pero con los avances en tecnología no es ya que el mundo parezca haber encogido (por los tiempos de viajes, o la velocidad de las comunicaciones), sino que parece que se ha homogeneizado. Todo el mundo usa coches, todo el mundo usa ordenadores, todo el mundo ve la televisión... Los tiempos en los que un lugar, un par de países más allá, era un universo distinto, han terminado. Al menos en el primer mundo, que a fin de cuentas es donde casi todo el mundo va cuando se mueve de viaje. Todos conocemos gente que sale de España y ha ido a Nueva York, a Londres, a París, incluso a China y Japón, pero ¿cuántos conocemos que hayan ido al Congo, a Kenia, a la India? No sé si esos lugares serán tan distintos, de todos modos. Cuando miras a la gente, en todos sitios, en su vida normal, parece que buscan lo mismo. Cuidar de su familia, vivir mejor...
Puede que algunos vean una pérdida en esta homogeneización, pero quizá es simplemente el camino normal, y puede que sea más adecuado de lo que parezca. Después de todo, como defiende Dave Grossman en su, casi completamente científico libro "On Killing", el camino para conseguir que una persona (cuerda, sin enajenaciones temporales, etc) mate a otra, pasa por conseguir que no la vea como una persona. Si esta homogeneización nos lleva a que entendamos cada vez mejor que un español, como yo, es tan parecido a otro joven de mi edad de Japón, de China, de Corea - los lugares más alejados - si sirve para que cada vez sea más fácil ver que somos lo mismo, personas, y que queremos las mismas cosas, creo que servirá para que cada vez haya menos motivos para entrar en guerras y en luchas. Y lo mejor es que esos motivos no saldrán de leyes que regulen la vida de la gente, sino del propio sentido común. Si vale para eso, adelante con la homogeneización, con la globalización, con lo que haga falta. La historia nunca dejará de estar allí, y siempre tendrá que seguir enseñándose, pero creo que es mejor entender la historia como una explicación de cómo hemos llegado hasta este punto, y de pensar qué habrá en el futuro, en lugar de formar excusas para buscar venganzas y odios, como se hace demasiado a menudo en todo el mundo.

Un abrazo
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