miércoles, 6 de agosto de 2008

Subiendo al Fuji

Ayer fui a subir al Fuji por el camino tradicional, desde Fuji Yoshida. Se empieza en el monasterio Sengen jinja

y, tras purificarse y rezar, se empieza el camino. Rodeado de un bosque frondoso y verde como muestran estas fotos



En origen se usaban caballos para llevar a la gente (al menos a la gente importante, que podía permitirse un caballo) y sus cosas hasta un lugar llamado Umagaeshi, que viene a significar "regreso de los caballos", porque regresaban mientras los peregrinos seguían subiendo.
Umagaeshi
Torii con monos a la salida de Umagaeshi

Después de Umagaeshi la subida se divide en diez estaciones. Al principio, hasta la 5ª estación, más o menos, el escenario es bosque verde y cerrado. A partir de ahí va haciéndose cada vez menos cerrado hasta que no mucho después de la 6ª estación el paisaje es más parecido a lo que se espera de las laderas de un volcán como el Fuji: rocas volcánicas y poca vegetación, disminuyendo más según se sube.

Desde que llegué a la primera estación oí truenos lejanos un par de veces. Pensé que no dejaría de tener su gracia que fuera a llover precisamente ese día, pero para cuando llegué a la 5ª estación, sí estaba lloviendo. Como estaba cerrado y no había nadie, me puse como mejor pude en el borde del edificio, tratando de aprovechar la parte sobresaliente del techo, para no mojarme demasiado. Y menos mal, porque de lluvia pasó a ser una tormenta. Seguí allí, esperando a que escampara, porque con ese tiempo ni se puede subir ni se puede bajar.
Segunda estación
Así estaba el camino tras la segunda estación

Al final los truenos y los rayos se alejaron y la lluvia pasó a ser más suave, así que me levanté y seguí caminando. Por supuesto, como seguía lloviendo, tanto mi ropa como la mochila (y su contenido) acabó mojado, algo que cobró importancia más adelante, debido a que con la caída del sol, el viento y la altura, la temperatura ya no era ni calor como cuando empecé en Sengen jinja, ni agradable para un paseo, como en la 5ª estación, sino que empezaba a ser fría.

Como quiera que aún quedaba luz, seguí subiendo hasta que paré en una de las posadas de la 7ª estación. Para entonces estaba anocheciendo (eran las siete de la tarde y habían pasado seis horas desde que salí de Sengen jinja) y preferí descansar y cenar algo antes de conseguir una linterna y seguir subiendo.

Después de un plato de arroz con curry precocinado y picante (los japoneses que cenaban a mi lado opinaban lo mismo) me acosté a descansar un rato.

Cuando me desperté, ya eran las 11 de la noche. Tenía que decidir si seguía durmiendo hasta que amaneciera, o si compraba una linterna y seguía subiendo. Como lo tradicional es ver el amanecer desde el Fuji, volví a ponerme mi camiseta y mi jersey, aún mojados, y me puse en marcha, usando el calor del movimiento para aguantar el frío.

La primera parte de la subida había sido principalmente caminar cuesta arriba, pero a partir de aquí había zonas que se parecían más a escalar. Se podía hacer cómodamente, aún con la linterna ocupando una mano, porque ya no llovía. Subiendo y subiendo, pasando una posada tras otra, llegué a la vista de un torii (estos arcos que hay también a la entrada de los santuarios) que supongo que marcaba la última parte de la subida. Ya había pasado un rato desde la anterior estación, sin refugios donde pudiera uno cobijarse del viento, así que no había más que seguir moviéndose si no querías helarte.

La estela y yo
Finalmente, llegué a algo parecido a una estela, como he visto otras en algunos santuarios japoneses. Esta estela marcaba el final de la subida, y no muy lejos nos fuimos acumulando los que llegábamos, esperando para ver amanecer.
Lo cierto es que no sé qué hora era, y con la humedad acumulada (que se había helado en el exterior del jersey pero no en el interior) y estando quieto, esperando, el frío era como para pensárselo.
Más de una vez se me pasó por la cabeza el pasar del amanecer e ir iniciando la bajada, al menos para entrar en calor, pero cada vez, pensaba "ya que he llegado hasta aquí..." Y me alegro, porque ver el sol alzarse, con nubes por debajo y por encima de ti, es una imagen preciosa.



Tras el amanecer había que bajar. Como ya estaba cansado, decidí bajar por Kawaguchiko. Esa ruta es la que se hace más hoy en día, iniciándose en la 5ª estación, a donde llega un autobús. Ese autobús es el que yo iba a usar (y usé) para llegar a una estación de tren (la de Kawaguchiko) y de ahí a Tokyo y el apartamento.

La bajada, con luz, ofrecía mejores paisajes que la subida (al fin y al cabo era de noche) Por la noche, allí arriba donde las únicas luces son las de las posadas o las de las linternas de los peregrinos, es donde he visto más estrellas que en toda mi vida. El cielo es como si se hubiera llenado de puntos brillantes. No pude sacar una buena foto, así que no os la puedo ofrecer, pero podéis confiar en mí, un cielo precioso. Como además las nubes estaban por debajo de nosotros, no podían tapar nada.

Sí os pongo un ejemplo de lo que se veía al bajar de la montaña
Aún sobre las nubes
A la vista del bosque

Cuando llegué a la 5ª estación de la ruta de Kawaguchiko, me alegré sinceramente de haber escogido la ruta larga de Yoshidaguchi. Mucho más bonita, en mi opinión.
Quinta estación de Kawaguchiko

Y aquí acabo por hoy. Un consejo, si decidís subir: Llevad ropa para aguantar frío, humedad y viento, porque vais a tener las tres mientras subís. Al principio os pesará en la mochila, pero confiad en mí y llevadla.

Bueno, un abrazo
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