domingo, 7 de septiembre de 2008

Empiezan las despedidas

Empiezo a escribir en el tren hacia Murcia. Me dirijo a la tierra donde crecieron mis padres, donde el resto de mi familia se encuentra. Y voy para despedirme.
Mi propia decisión ha sido irme a otro país durante más de un año, y alejarme de todo lo que he conocido para mirar qué hay más allá de lo que muestra la pantalla de televisión.
¿Cuándo empezó la curiosidad?
Quizá cuando empecé a conocer a personas de otros países, que crecieron en otras culturas y tuvieron vidas tan distintas a la mía. Visiones tan distintas que te dejan ver las mismas cosas desde otro ángulo tan distinto… Es casi mágico, casi puedes notar cómo tu mente ha crecido, se ha vuelto más abierta, más sensible. Piensas en direcciones que antes no supiste que existían.
Y de las experiencias de otros pasó a la curiosidad por las tierras de otros.
La primera vez fue China. Surgió la oportunidad y llegué allí sin saber nada, dependiendo de Alicia, y a veces del inglés, para conocer lo que había. Y a pesar de la diferencia de idiomas, tantas cosas nuevas, tantas cosas interesantes…
La segunda vez sí fue mía. No fue un ofrecimiento de otra persona, sino que yo mismo lo creé, y eso es más bonito aún. Más puro quizá, más solitario también. Sólo impulsado por la propia curiosidad, y el deseo de conocer Japón.
Y cada día se acerca más la tercera ocasión. Otro lugar, otro idioma, otra gente. Otra situación. ¿Cuántas cosas conoceré? ¿Cuántas personas? ¿Cuánto aprenderé?

Y al mismo tiempo, ¿Cuánto quedará atrás?
¿Perderé algo en este camino?
¿Lo olvidaré?

Todo este no saber…
Este nadar en aire vacío de luz, de sonido…
Ya lo he aceptado, pero ¿me acostumbraré a él?



Estoy sentado escribiendo el el tren de regreso a Madrid. Sólo ha sido un día en Murcia, viendo a familiares y despidiéndome de ellos. Dejo a mi abuela en el lecho en donde morirá. En donde lleva semanas esperando a la muerte y deseando que se acabe el trámite. Siempre, desde que la conocí, fue una mujer fuerte y animosa, directa y pragmática. Ahora trata de soportar la espera, sabe que va a morir, y sabe que será pronto, y no puedo evitar pensar que probablemente yo querría, igual que ella, que ya que está firmado y sellado, fuera lo antes posible.
En quince meses pueden ocurrir muchas cosas, y me pregunto si habrá alguien más que no esté aquí cuando vuelva.

También he vuelto a ver la sencillez de muchas personas, y lo fácilmente que se sienten satisfechas con sus vidas. Es refrescante y relajante verlo y dejarse llevar por ello durante unas horas, aunque lo cierto es que no puedo compartirlo. Los viajes y los idiomas supongo que son el efecto, supongo que la causa es que siento que aún no es suficiente, y eso hace que me pregunte: ¿Será suficiente algún día? Me siento satisfecho con la vida que tengo ahora, pero no lo sería si me detuviera. Supongo que eso cambiará en algún momento en el futuro, pero ¿cuándo? ¿Cuánto será suficiente?
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