jueves, 31 de marzo de 2016

Falacias

No hace mucho oí a una persona usar la palabra "falacia" como si significara mentira, lo que ha llamado mi atención sobre la diferencia entre lo que la mayoría de la gente entiende por falacia y lo que significa realmente. El diccionario de la RAE (dado que registra cómo se habla y no cómo se debería, aunque eso es tema para otra entrada) prácticamente identifica ambos conceptos, la única diferencia que considera es que la falacia intenta dañar a otra persona, mientras que la mentira no tiene porqué. Sin embargo, el concepto original de falacia, que aún se utiliza en discusiones y debates cuando el rigor tiene alguna importancia, no es el de mentira, sino el de un argumento que, pareciendo lógico, no lo es.

De nuevo, el concepto "lógico" se malentiende de forma habitual, igualando con "obvio", "de sentido común" y demás, cuando no es exactamente eso. Un argumento lógico es el que lleva de una idea A a una idea B, de modo que B se prueba tan cierta como sea A. Para empezar esa cadena lógica hay que comenzar por una idea sobre cuya corrección no haya dudas, como por ejemplo un hecho. Una cadena como esa es lo que llamamos habitualmente "deducción".

Un argumento se dice que es válido cuando es imposible que las premisas (las ideas iniciales) sean ciertas y la conclusión sea falsa. De otro modo, el argumento es inválido.
Una deducción es correcta cuando todos los argumentos son válidos y además las ideas iniciales son ciertas.

¿Por qué es importante prestar atención a estos conceptos? La deducción es una herramienta fundamental en cualquier actividad que implique el pensamiento analítico o crítico. Cuando estamos equivocados en algo, la deducción es lo que nos permite darnos cuenta. Cuando estamos en lo cierto, la deducción es lo que nos permite demostrarlo a otros. La mayor ventaja de una deducción correcta es que puede compartirse. Me explico: una opinión subjetiva es particular de una persona y por ello puede convencer a algunas personas y a otras no. Ante una deducción correcta sólo puede optarse entre aceptar la conclusión o rechazarla - y con ello mantenerse en un error.

Veo que los pétalos y las hojas de esta rosa son del mismo color, aunque tengan un matiz distinto. Todos los que estamos aquí coincidimos en ello. Por tanto, esta rosa es de color verde.
Este razonamiento es incorrecto porque el hablante - y el resto de las personas de la sala - pueden tener un problema visual como el daltonismo.

Nuestro cerebro funciona con dos tipos de razonamiento que se influyen mutuamente. El razonamiento analítico se basa en deducciones, y es en el que se fundamentan los avances de cualquier ciencia, sea física, medicina, biología... Cuando tenemos información en la que basarnos para llegar a una conclusión o estimar la probabilidad de varias, estamos utilizando este tipo de razonamiento.
El razonamiento emocional es el que hace que hagamos cosas llevados por emoción.

Una ruleta tiene 38 números, nuestro razonamiento analítico es el que nos dice que apostar a un número tiene una probabilidad de 1/38 de redundar en nuestro beneficio, y 37/38 de resultar en perjuicio. Nuestro razonamiento emocional es el que nos dice que hoy es nuestro día de suerte.

Cada día nos vemos sometidos a manipulaciones más o menos disimuladas y más o menos sinceras. Cuando un amigo tiene una cara triste lo vemos, nos damos cuenta, nuestro razonamiento emotivo nos hace sentir tristeza en simpatía y nos impulsa a preocuparnos por él. Lo que hagamos está menos claro, depende de cómo somos nosotros y lo que sabemos de él: ¿es de contar las cosas sólo cuando le preguntan? ¿es de decir que no pasa nada hasta que está listo para hablar y dar detalles? ¿somos de los que esperan hasta que un problema puede resolverse? ¿somos de los que intentan resolver el problema tan pronto como lo ven?

Los efectos emotivos se producen como reacciones independientes de la realidad. Ver una cara triste inspira tristeza, ver una sonrisa inspira confianza (según la sonrisa, claro), ver una cara de enfado dirigida hacia nosotros puede inspirar temor o enfado... Y esos efectos se producen sin importar si lo vemos en un desconocido a seis metros o en un actor en una película. Nuestro razonamiento analítico matiza las acciones que pueden ser impulsadas por el efecto emocional: "Es un actor y no es de verdad", "Es un amigo y es sincero", "Es un amigo pero siempre es un exagerado"...

Las manipulaciones emotivas directas, por expresiones de pena, furia, alegría, no son fiables. Es muy probable que causen una emoción, es bastante probable que causen la que pretendemos, pero también pueden producir reacciones opuestas según a quién se dirijan. Tienen otro defecto como táctica de manipulación, y es que es fácil identificarlas tanto como emocionales como manipulaciones. Además, las respuestas emocionales que provocan no suelen generar acciones a largo plazo: no te enamoras de alguien la primera vez que sonríe ni consideras a alguien un enemigo la primera vez que te grita. Por mucho que pese la primera impresión, una respuesta emocional a largo plazo es algo que se inspira provocando reiteradamente la misma reacción emocional.

Por otro lado, se puede manipular a alguien aprovechando sus carencias (su falta de práctica o atención, nada más) en razonamiento analítico, haciéndole creer que estás dando pruebas o siguiendo un razonamiento lógico cuando éste no es válido. Ese tipo de razonamiento es el que se llama falaz, y esa manipulación sí puede producir acciones a largo plazo porque al convencernos de algo, hacemos nuestra esa idea. Al haber llegado a esa idea mediante un razonamiento asumimos que es correcta y la mantenemos aunque olvidemos el razonamiento, a diferencia de las respuestas emocionales, que se recuerdan pero no perduran del mismo modo ni con la misma facilidad. Esta asunción se hace porque es el método en el que nuestro propio cerebro aprende del mundo que le rodea para adaptarse y resolver problemas

Precisamente por la eficacia de los engaños basados en falacias tendríamos que prestar más atención a éstas, de modo que podamos reconocerlas cuando las usan. No siempre las usarán para dañarnos, a veces el que las usa lo hace sin darse cuenta de que su razonamiento es incorrecto y está convencido de una idea equivocada que puede o no hacerle daño.

Por último, hay que destacar que el hecho de que un razonamiento sea falaz ni significa que las premisas sean falsas ni que la conclusión sea falsa, al igual que no implica que sean ciertas. Lo único que significa es que a partir de las premisas no puede deducirse la conclusión.

Este tipo está loco, así que por mucho que lo repita, se equivoca diciendo que el cielo es azul.
La locura de ese hombre no tiene porqué hacer que se confunda al reconocer colores
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