lunes, 24 de noviembre de 2008

El olvido

Se me ocurrió pensar que a veces las heridas en las emociones se parecen a las físicas. No por la gravedad ni la obviedad, por supuesto, sino por el entumecimiento, el dolor que se va pasando, la incapacidad...

Igual que después de darse un martillazo por descuido mientras clavas una alcayata en la pared, sientes el dolor pero también sientes que no responde. En ese momento podrías no tener dedo, o tenerlo roto, porque en lugar de la sensación del dedo al final de la mano, si cierras los ojos, sólo notas el dolor en esa zona. Luego te vendas, te escayolan o lo que haga falta, y estás sin usar esa mano unos días, mientras se te pasa. Poco a poco se te cura, te vas olvidando, te quitas las vendas porque "ya casi está". De vez en cuando se cae algo sobre tu mano, o tienes que hacer más fuerza de la que esperabas al coger una bandeja o un paquete, y el dolor te advierte que aún no está curado del todo. Volverás a usar esa mano sin ningún problema, aunque al principio te notes más torpe. Quizá te duela cuando llueva. Quizá olvides del todo aquel golpe.

¿Y con las emociones? Te llevas un golpe, intentas aguantarlo porque no hay más que puedas hacer. Pasas el tiempo mientras tratas de no pensar demasiado en ello, no darle demasiadas vueltas, y dejar que se vaya olvidando. Y un día te da la impresión de que has olvidado cómo hacer algo por haber estado dejándolo de lado. La candidez y la confianza en personas, en situaciones, la esperanza y el deseo de sentir emociones con pureza, sin plantearte si puedes dejarte llevar o no. Sin llamarte la atención a ti mismo y decir "Cuidado, quieto y despacio" Sin la capacidad de no pensar esas cosas, como años atrás, cuando parecías pensar que todo era fácil y bonito, que todo salía bien.

"Cuidado. No te confíes. No te dejes llevar."
"Otra vez no."
Y acabar respondiendo "Tranquilo, ya no puedo."
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