martes, 21 de octubre de 2008

Los minutos antes de dormir

Estaba pensando en porqué parece tan común que el momento en el que llegan las preocupaciones es cuando nos acostamos a dormir, que debería ser el momento más relajado. Y se me ha ocurrido algo. No es original, seguro que ya lo habéis pensado todos, pero me apetece ponerlo.
A nadie le gusta sentirse preocupado ni frustrado, así que día a día usamos la actividad, en ocasiones, para concentrarnos en otra cosa y evitar esos pensamientos. Nos concentramos en el trabajo, en conducir de un lado a otro, en leer un libro en el metro, o el periódico del que se sienta al lado o enfrente. En qué vamos a hacer para la comida, en recoger a los niños en el colegio, en los exámenes…

Durante todo el día nos salvamos de esos pensamientos, y si llegan en algún momento de actividad los podemos atajar con nuestra propia mente consciente. Pero conforme pasa el día, cada vez está más cansada. Llegamos a casa, nos sentamos en el sofá y ponemos la tele, para que ella nos distraiga. Para seguir tratando de ignorar esos problemas. Otros beben. Algunos se emborrachan hasta que nada puede circular por su mente consciente, y ninguna de esas preocupaciones puede afectarles. Algunos juegan. Otros mezclan alcohol, drogas, sexo, todo tipo de estímulos sensoriales para cargar su mente y hacerla incapaz de reaccionar.

Pero si aún tiene capacidad para escuchar, si estás sobrio, si no estás mortalmente agotado, tardas unos minutos en dormirte, una vez tumbado. Y el cansancio de la mente que evitaba los pensamientos duros, los remordimientos, la culpa, la frustración, la preocupación… Esa parte de la mente está cansada, y acaba de bajar la guardia. Como si se bajara la compuerta de una presa, los pensamientos que hemos apartado el resto del día sobrepasan una barrera debilitada, afectándonos, a veces duramente.
Pueden cambiarnos el humor, puede afectar a nuestro comportamiento incluso en las últimas horas del día, entristeciéndonos, enfureciéndonos, deprimiéndonos… Y eso afectar a nuestras acciones. Y eso afectar a nuestras relaciones. ¿Cuántas veces hemos podido discutir por estar cansados e irascibles? ¿Cuántas de esas discusiones podríamos haber evitado?

Me pregunto si habrá algún modo de aceptar esas preocupaciones sin que nos arrastren, aceptarlas para que no nos arrasen al llegar la noche. Asumo que no tenemos la solución, o ya las habríamos solucionado, así que habrá que buscar algún modo de vivir con ellas.
¿Cómo lidiáis vosotros con esos pensamientos?
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