domingo, 19 de agosto de 2007

El precio de las decisiones

Hace poco estaba hablando con unos amigos a cuento de las dudas que tenía una de ellos sobre en qué trabajar, qué estudiar, si seguía estudiando...

En general, estoy seguro de que muchos de nosotros hemos encontrado personas que han querido llevarnos por un camino u otro basándose en sus propias experiencias, sus propios aciertos o sus propios fallos. En este caso, el de los estudios y el trabajo, mucha gente opina que una carrera universitaria es un buen futuro, y que cualquiera debería intentar sacarla porque te da más opciones de conseguir un buen trabajo. Hay un estudio de la fundación Conocimiento y Desarrollo acerca de eso. En breve, dice que dentro de la población, las tasas de paro son cerca de un 7% para los que tienen una carrera y alrededor del 10% para los que no. La tasa de actividad (si alguien sabe qué significa esto, por favor, que me lo diga) era de un 82% para los universitarios, un 67% para los que sacaron las Secundaria y un 30% para los que sólo tenían primaria. Por otro lado, la pasta, es de un 40% más de sueldo si tienes carrera que si no.

Parece que sí da más oportunidades de trabajo y dinero. Ahora las trampas: 1. el estudio es de 2005; 2. Hay más gente sin carrera que con ella, con lo que hay más probabilidades estadísticas de tener trabajo, pero la mayoría de la gente trabaja sin tener carrera; 3. El universitario se pasará unos cinco años haciendo su carrera (siendo buenos, la media estará más cerca de seis o siete), ese tiempo lo pasa trabajando, ganando experiencia y cobrando el que no va a por la universidad; 4. el dinero que cobra un universitario recién salido no se diferencia tanto de otros sueldos a no ser que tenga suerte y/o sea una lumbrera, la diferencia la dan los que tienen años de experiencia a sus espaldas.

De todos modos, la pregunta más importante, en mi opinión, es si necesitas una carrera para el trabajo que quieres realizar. Tienes que pensar primero en tu futuro, imaginarte en él y encontrar una imagen en la que estés a gusto. A menos que seas rico desde joven (y eso es cuestión de suerte o nacimiento) vas a trabajar como el 30% de tu vida (y en dormir, comer, transporte y demás necesidades se irá otro 45%) así que es importante que estés a gusto con lo que haces para ganarte la vida. Claro, es difícil decidir cuando no tienes ni veinte años y no conoces nada fuera del instituto, pero de lo que pretendo hablar no es de la toma de esa decisión, sino de ser consciente de que decidas lo que decidas, hay un precio que pagar. Si decides seguir estudiando pagarás ese tiempo, ese esfuerzo y el dinero que te cueste seguir estudiando; si decides ponerte en trabajar tendrás que pagar el precio de saber que, si las cosas siguen como hasta ahora, dentro de cinco años no cobrarás mucho más que ahora. Mirando ofertas dentro del campo de la programación (y pidiendo ingeniería en informática) a un recién salido le pueden ofrecer entre 15000 y 18000 euros anuales (brutos, claro), con tres años de experiencia son a partir de 24000. ¿Qué has sacrificado por ello? ¿unas 50 horas semanales dedicadas a la universidad, entre clases y estudios, durante siete años? El premio puede merecer la pena, pero recuerda que el precio lo pagas antes. Y el precio también debe entrar dentro de tus consideraciones.

Hasta ahora he hablado de trabajo y estudio, pero en la vida te encontrarás con que tienes que tomar otras decisiones, cada una con sus precios. Casarte o no, volver a las clases o seguir trabajando como hasta ahora, cambiar de amigos, de barrio, de novia/o, de casa... Incluso la decisión de no hacer nada tiene un precio, y es no cambiar. No cambiar durante el tiempo que sigas con esa decisión. Si estás dispuesto a pagar el precio, decides. Si te desespera pensar en tomar tantas decisiones, en pagar todos esos precios, si prefieres cortarte las venas antes que vivir una vida semejante, en primer lugar recuerda que en la vida habrá premios. La carrera no es sólo estudiar, sino conocer gente, pasar buenos momentos y alegrarte al descubrir que has aprobado un examen. Trabajar también tiene sus satisfacciones, e incluso dejar a tu novia (o que te deje) puede ser algo bueno (si no ibais a ser felices juntos, mejor dejarlo ahora que vivir infelices más tarde y durante unos años)

Piensa lo que quieres, piensa en el precio y toma una decisión. Y luego, síguela y adáptate a lo que descubras en cada momento. Cada momento puede cambiar las circunstancias, y cada cambio puede justificar otra decisión. Vive y busca tu felicidad, porque no es tu derecho sino tu deber, para ti y la gente que te quiere.

Por cierto, cuando hablé del suicidio dije "en primer lugar". El segundo lugar es que la decisión de suicidarte también tiene su precio. Nunca serás más que ahora (y dejarás realmente jodida a la gente que te quiere, piensa en esa responsabilidad)

Una última vuelta de tuerca: hay una parte del precio de decidir que puede que no hayáis visto: la posibilidad de equivocarse. Que os divirtáis.
Publicar un comentario