miércoles, 18 de marzo de 2015

Las cosas que más lamento son las que no hice

Las cosas que más lamento son las que no hice.

No soy el primero que dice algo así y dudo que vaya a ser el último. Creo recordar haber visto fotos de personas importantes y bien consideradas diciendo lo mismo, pero quizá sea un poco como ese proverbio irlandés: "las lágrimas derramadas son amargas, pero aún lo son más las no derramadas". Queda muy bien, todo el mundo lo entiende, todo el mundo lo acepta.
Y todo el mundo sigue aguantando las mismas lágrimas que aguantaba antes.

Ni siquiera tengo 35, pero me doy cuenta de cuantas cosas no hice, y con lo que ha estado ocurriendo en el último medio año, viendo dónde estoy ahora, cómo estoy, creo que me he equivocado con las prioridades que he dado a cada oportunidad, a cada deseo, a cada sueño.
No digo que otras personas no deban tomar las mismas decisiones, puede que para otros funcionen bien, pero sí tengo que llamar la atención sobre el miedo y el auto-engaño.

El miedo va primero porque es más fácil. Cuando digo miedo, incluyo todos los niveles, de inseguridad hacia arriba. El miedo va primero porque con mucha frecuencia te darás cuenta de que algo te asusta. A veces te asusta el camino a lo que quieres: No te asusta dedicar tu vida a algo artístico, sino los años de seguir instrucciones, guías y patrones. A veces te asusta lo mismo que quieres: ser escritor, pero que a nadie le guste lo que escribas, que no puedas ganarte la vida con ello y tengas que abandonarlo, demasiado tarde para dedicarte a tu plan B.
A veces el miedo te hará plantearte tus opciones y valorar que sí es demasiado riesgo, que no merece la pena, y que tu plan B tiene una mejor relación deseo/riesgo. En mi caso, no me arrepiento de dedicarme a la programación. Me parece una ocupación apasionante y me permite ganarme la vida con ello, olvidarme de ello cuando termino la jornada o seguir con mis propios programas si quiero seguir. Ray Bradbury conoció una vez a un chico que quería ser escritor y estuvo toda una mañana con él, explicándole cosas. Una de esas cosas fue "Si quieres ser escritor, tienes que escribir todos los días. Aunque estés cansado, aunque no te apetezca. No importa, tienes que escribir todos los días."

Viajar me daba miedo. Llegar a un sitio es bastante fácil, pero una vez allí ¿y si no consigo hacerme entender? ¿y si no entiendo a nadie? ¿y si me pierdo? ¿y si...?
He tenido varios días felices en mi vida y varias buenas temporadas, pero la temporada en la que más feliz me sentí de ser yo fue el mes que pasé en Japón va a hacer siete años. Claro que estaba nervioso, a pesar de haber aprendido algo de japonés en aquel entonces seguía inseguro, pero desde que me senté en el avión estuve entusiasmado, y desde entonces la idea de aprender idiomas y viajar ha sido una de las cosas que más he disfrutado.

La otra era la idea de enamorarme, que esa persona se enamorara de mí, que nos casáramos, tuviéramos hijos, fuéramos felices... Un sueño de movimiento y cierta inestabilidad y otro de estabilidad, como dos asnos atados entre sí, cada uno tirando hacia un pasto.

Es bueno leer a otras personas porque a veces te das cuenta de que no eres el único que se siente como te sientes. Amanda Palmer sentía inseguridad frente a dedicarse a la música. No he oído muchas canciones suyas, pero si alguna va a gustarme, aún no la he oído. Sin embargo, sí leí The Art of Asking y lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo, especialmente a quienes se sientan identificados con la sensación de inseguridad. Una figura que aparece una y otra vez en el libro es la Policía del Fraude. Es el nombre que le da ella a esa inseguridad, a la parte de uno mismo que te hace pensar "¿Pretendes cantar esto? ¿Pretendes vender esto? Eres un fraude. Aún no se han dado cuenta, pero lo harán si sigues intentándolo"

Ella siente esa inseguridad sobre su música, pero es lo mismo sobre toda la inseguridad.
"No eres una buena entrenadora, si sigues fingiéndolo se darán cuenta y dejarán de contratarte.";
"No eres una buena música, si sigues fingiéndolo se darán cuenta y dejarán de escucharte."
"Sólo eres un programador mediocre, si sigues fingiendo ser más, se darán cuenta y te echarán."
"No eres lo bastante bueno como para que te quieran. Si sigues fingiéndolo, se dará cuenta y te dejará."

Por supuesto, lo peor de la inseguridad, el miedo y la desconfianza - también hacia otras personas - es cuando llevan razón. Y puede que habitualmente lleven razón. En esas ocasiones siempre dicen lo mismo "Te habíamos avisado. Esperamos que la próxima vez hayas aprendido a hacernos caso."

Sin embargo, la cuestión es que tiene la misma base para apoyar un curso de acción - dejar de cantar, dejar de enseñar, dejar de programar, dejar de salir juntos... - como la parte de ti mismo que desea seguir haciéndolo: emociones. Deseo y miedo, opuestos uno al otro, y ninguno de ellos es un buen consejero. Al final tienes que escuchar a ambos y decidir si el placer de conseguir tu objeto de deseo merece la pena frente al riesgo y las consecuencias de intentarlo y fallar, pero no puedes dejarte llevar irreflexivamente por ninguno de los dos. Y no debes olvidar considerar las consecuencias de no intentar algo, porque si fallas serás infeliz, pero si no lo intentas puede que dos días después algo te haga ver que hiciste bien en esperar o puede que pasen años y sigas lamentando no haberte arriesgado.

La inseguridad suele paralizarte, quedarte como estás es una opción que parece no tener tanto riesgo como demostrar qué es lo que quieres, intentar conseguirlo y fallar. Y la Policía del Fraude siempre está ahí, diciéndote "¿Cómo no te diste cuenta? Mira a todas estas personas - tu familia, tus amigos - Ellos también lo sabían. Si les hubieras preguntado, nos habrían dado la razón y te habrías ahorrado este dolor."

"Lo hacemos por tu bien."

Las personas a las que quieres y cuya opinión valoras - familia, amigos, profesores, compañeros - es importante, y es importante que les preguntes. La información que te den puede ampliar tu punto de vista y ayudarte a tomar la mejor decisión, es con sus emociones con las que debes llevar cuidado y preguntarte porqué dicen lo que han dicho. ¿Pretenden mantenerte a salvo? ¿Pretenden que vivas lo que ellos no vivieron, porque lamentan haberle hecho caso a sus propias Policías del Fraude? ¿Prefieren que no lo intentes, para evitar que tu éxito les haga pensar que, quizá, ellos no deberían haberle hecho caso a sus inseguridades?

Sé que parece que estoy dando la razón a ambos lados, a actuar y a no hacerlo, pero lo que pretendo es destacar que cada opción puede ser la adecuada. Lo único que necesitas - y no es algo que vayas a poder hacer siempre - es estar seguro de que la decisión que tomas es la mejor que puedes tomar con la información que tienes en ese momento.
Cuando te equivoques, la Policía del Fraude siempre te dirá "te lo dije", pero ayudará que puedas responderle "Vosotros tampoco sabíais esto."
No tomes esto como animarte hacia mantenerte en la ignorancia, porque en ese caso no sólo será culpa tuya sino que lo sabrás. Y la Policía del Fraude sabe tanto como tú, ahí queda el aviso.

No hace tanto le di a una persona especial este mismo consejo - en una versión abreviada - Con bastante frecuencia pienso que la relación ya ha desaparecido, que no soy más que un invitado indeseado y que ella es demasiado cortés como para decírmelo (Policía del Fraude, ¿eres tú?), pero, igual que animarle a ella a vivir y tener en cuenta que va a lamentar las cosas que quiera hacer y no se atreva, pensé que quizá alguien lea esto algún día y que ver desarrollado el slogan con el que empezaba pueda hacerle ver que realmente es algo más que un lamento estéril, que no es "lamento lo que no hice, pero estoy mejor no habiéndolo hecho y no cambiaría nada".
En absoluto. Cambiaría muchas decisiones, cuanto antes me permitieran hacer los cambios, más cambiaría todo. Por supuesto, no se puede. El tiempo que pasa no lo recuperas jamás, pero darme cuenta de las oportunidades que no me atreví a coger - o a ver si realmente eran oportunidades o sólo quería creer que lo eran - me hace pensar que quizá pueda ayudar sirviendo como ejemplo de lo que no hay que hacer.

El autoengaño es más problemático y a veces se mezcla con el miedo: "No es que me asuste intentarlo, es que sé que no voy a tener éxito". No me interesa tanto la mezcla como el engaño en sí. Es más difícil librarse de él porque puedes volverte muy bueno manteniéndote engañado. ¿Cuándo tienes que prestar atención? Cuando algo te haga pensar que algo que tienes no es tan bueno como te gustaría. Si alguna vez tienes esa sensación, necesitas detenerte y prestar más atención porque puede que realmente no sea tan bueno como quieres creer.

"Habla mal de los demás a sus espaldas, pero nunca lo haría de mí."
"Sólo ha sido esta vez."
"Ha sido varias veces, y siempre me pide perdón. Es sólo que le cuesta controlarse."
"En realidad, no tiene tanta importancia."
"En el fondo, me quiere."
"Si sigo queriéndole, descubrirá su amor hacia mí."

Nadie va a quererte porque le quieras mucho.

Si alguien no cambia cuando estáis juntos, en realidad no estáis juntos. Es muy bonito decir que no hay que cambiar, que las personas no cambian, o que cambian por amor, pero ninguna de esas cosas es verdad por completo. No cambia una parte de la forma de ser y no cambian los gustos, pero sí cambia el comportamiento. Hay cosas que nunca le habían interesado lo bastante como para hacerlas por su cuenta, pero las hace contigo. Hay cosas que quiere que compartas con él. Y esas cosas, al hacerlas juntos, adquieren una nueva dimensión. No le da igual hacerlas por su cuenta. Le siguen gustando y las hará por su cuenta si no puede hacerlas contigo, pero preferirá hacerlas contigo.
Si a una persona no le afecta que estés o no, eres prescindible aunque diga lo contrario. Incluso si cree sus propias palabras. A todos nos afectan las personas a las que queremos, a todos nos gusta pasar tiempo con las personas a las que queremos y hacer cosas juntos.
No es que no haya querido ser más agradable con otras personas, tener la facilidad que otros tienen para relacionarse, pero con Adela me resultaba más fácil. No sólo había alguien que podía guiarme en las cosas que no había hecho hasta entonces, sino que tenía más facilidad para ver si lo conseguía o no. Sí cambiamos por las personas a las que queremos, cambiamos a mejor en la opinión de ambos.

Si sientes que no funciona una relación, no "sigas la corriente". Puede que la otra parte también esté siguiendo la corriente o puede que crea sinceramente que va a mejorar o quizá no tiene ni idea de que algo va mal. Tienes que decirlo, tienes que hablarlo. Hablar de lo que está mal, por supuesto, y hablar de lo que está bien, porque lo que está bien es el motivo por el que querer arreglar lo que no funciona.
En cualquier caso, nunca aumentes el compromiso si la relación no funciona.
Nunca esperes a que la otra parte dé el primer paso.
Por si acaso, cuando digo que "tienes que hablarlo", es con las personas con quienes tengas la relación.
Y esto es para toda relación: amistad, amor, padres, hijos, hermanos...

No vas a gustarle a todo el mundo. Ni a todos a los que quieras gustar, por mucho que les quieras.
No puedes sentirte culpable por algo que te gusta hacer. Si no haces daño a nadie, sigue haciéndolo. Deja pasar a quienes te hagan sentir culpable por el placer que sientes. Eso sí, si haces daño a alguien, no pretendas que no lo haces o que es su culpa. Vas a tener que elegir entre seguir haciéndoles daño o dejar de hacer algo que te hace sentir feliz de ser tú, y eso va a dañar o acabar con vuestra relación tarde o temprano, así que tanto da que sea ahora.

Eres la única persona que va a estar contigo siempre. No siempre estarás contenta de ser tú, ni de ser como eres, ni de tus deseos, tus impulsos, tus emociones, tu aspecto, tus capacidades... Pero es lo que tienes. Quizá puedas controlar o liberar tus impulsos, cuidar tu aspecto, mejorar tus capacidades, pero querer no es poder. Trabajar duro no es poder. Podrás avanzar, pero habrá sitios a donde nunca llegarás, capacidades que nunca tendrás, y cuanto antes aprendas a distinguirlo y aceptarlo, menos te decepcionarás a ti mismo.
Como eres la única persona que va a estar siempre contigo, no puedes permitirte no ser feliz. Si no puedes hacer feliz a otra persona puedes apartarte y dejar sitio a alguien que pueda, pero si tienes que ocultarte para hacer las cosas que te hacen feliz, si estás con alguien que no es capaz de apreciar esas cosas, entonces esas personas no son buenas para ti, porque acabará frustrándote tener que ocultarte para hacer algo que ves bien, acabarás sintiéndote culpable por las cosas que te gustan, por los rasgos que te gustan de ti mismo y enfadándote con quien está contigo porque parezca avergonzarse de esos mismos rasgos.
Y puede que no tengas tantos rasgos que te gusten como para despreciar los que tienes. Sólo hay tristeza y decepción en ese camino, y aunque dejes de hacerlo, no te lo agradecerán, porque las personas a las que no les gustaba piensan que te han mejorado y que eres tú quien les debes una, por haberte hecho ver lo malo que era que te sintieras bien siendo tú.

Y tarde o temprano te darás cuenta de que no te quieren a ti, sino a la persona en la que creen que pueden convertirte y que el tiempo que has pasado amándoles lo has pasado intentando convertirte en esa persona que tiene menos cosas que te gustan de las que tenías antes.

En algún momento - deseablemente - te darás cuenta de esto y dejarás de sentirte culpable por no estar a la altura de las expectativas de personas distintas de tu propia persona, aceptaras que lo que te gusta de ti, lo te hace sentir bien contigo mismo, tiene desventajas, pero que merecen la pena. Empezarás a vivir sin miedo a ser tú.

A aquella chica le dije que me daba envidia - está viviendo sin (o a pesar de) ese miedo desde mucho antes - y ojalá leer esto ayude a alguien a darme la misma envidia.
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