jueves, 4 de octubre de 2007

La ilusión

Este es un tema algo complicado, bastante más de lo que se podría pensar al principio. ¿De qué depende la ilusión por las cosas?

Hace poco hablaba con una amiga sobre los cumpleaños. Al principio te hace ilusión cuando se acerca ese día, pero poco a poco se puede ir perdiendo. No sé vosotros, pero en los últimos dos años me levanté el día de mi cumpleaños sin recordar que lo era hasta que no me felicitó alguien. Es como si no tuviera importancia, como si no fuera nada destacable. El hecho de haber perdido esa importancia supongo que es lo que hace que se pierda también la ilusión.

De hecho, la ilusión puede perderse por más cosas aún. Hace sólo unos meses dejé a mi ahora ex-novia. ¿Por qué? Podría resumirlo con que yo no había sido lo bastante honesto conmigo mismo, y eso me impidió serlo con ella. Podría hablar más sobre ello, pero sólo he sacado el tema porque el pensar sobre esos problemas son los que me hicieron ir olvidando la ilusión de ser una de las partes en una pareja. Ahora sé cosas que quiero y a las que no quiero renunciar, no son cosas muy importantes en sí mismas, pero sí lo es el hecho de haber estado ignorando (o tratando de ignorar) el hecho en sí, que quiero tenerlas en mi vida. Son sólo cosas, aficiones o deseos, pero siguen ahí. Varias filosofías orientales dicen que el deseo es la causa del sufrimiento, pero creo que la represión también lo es, especialmente la autorepresión, porque actúa dentro de tu cabeza, no puedes escapar a ella. Esa represión causa un conflicto entre lo que eres y lo que intentas ser. Si lo que pretendes es cambiar defectos de ti mismo, que tú consideras defectos, no es represión sino deseo de superación, pero de lo que estoy hablando es de intentar cambiar cosas que en realidad ni quieres cambiar ni tienes porqué.

Tomé decisiones erróneas en aquel momento y por culpa de ello (es decir, por culpa mía) acabé haciendo daño a otra persona. Y entonces te da por pensar que puede volver a ocurrir. Que no tiene sentido volver a intentarlo porque tu propia negativa a renunciar a parte de tu antigua vida impide disfrutar plenamente de la nueva. Y pierdes la ilusión, porque sabes que no puedes tener más de lo que abarcan tus manos (es una metáfora) pero te gustaría.

Y luego sucede algo que vuelve a encender una luz. Es como si te hubieras sentado en la oscuridad, en una esquina, y pensaras en dormir un poco, hasta que se desvanezca la oscuridad o te acostumbres a ella. No es tan malo, claro, porque en la vida hay más de un campo (el trabajo, los amigos, cada afición...) pero dentro de ese campo es la sensación que te da. Y quizá te das cuenta de que hay una luz pequeña cerca de ti. Puede que no dure mucho, pero eso no lo sabes, y lo que cuenta es que algo ha cambiado, y vuelve a haber algo de ilusión.

De todos modos, aún con ilusión, cautela. Al fin y al cabo, una vela también se apaga si la tratas sin cuidado. La ilusión es como un reclamo que nos llama, pero es la mente lo que nos permite avanzar sin caernos.

Es otro elemento más al que prestar atención en la vida.

Cuidáos.
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