miércoles, 30 de enero de 2008

Wing Tsun

Hace cerca de un año empecé a recibir clase de wing tsun y escrima en el gimnasio Kross, en Madrid, con el profesor Carlos Alonso.
Ambos artes marciales, al menos la forma en la que los he recibido, me gustan bastante por varios motivos:
El primero, que se basa más en la comprensión de conceptos e ideas que en la transmisión de técnicas. Antes había recibido clases de judo (1º dan), aikido (un par de años) y sambo (un par de cursos), pero hasta entonces no había encontrado nada parecido. Pienso que, en origen, la mayoría de los artes marciales empezaron siendo más conceptos que técnicas, pero que los maestros han ido enseñando las conclusiones más que los razonamientos. Creo que puedo entender esa postura porque, tal como lo pensarían ellos, "Si ya me he tomado yo el trabajo de investigar esto para desarrollar las técnicas, ¿para qué cargar a los alumnos con ese trabajo?"

En la escuela ya ocurría algo parecido. ¿Cuántos de vosotros habéis aprendido las fórmulas de las integrales y derivadas de memoria? ¿O las fórmulas de física? Personalmente, cuando descubrí que podía deducir unas de otras, empecé a hacerlo para tener que aprender menos cosas de memoria, pero a lo que me refiero es que más adelante, en la universidad, en ninguna clase se decían esas fórmulas aprendidas. En física se deducía porqué el contenido de la integral era el que era, en matemáticas se deducía el porqué una integral daba un cierto resultado, y a eso es a lo que voy. A la importancia de los "porqué". Ahora no me acuerdo de las fórmulas de electrostática en el vacío (ni falta que me hace), pero sé cómo deducirlas.

En el campo de artes marciales creo que los porqué tienen un valor importante. Por un lado, hay más personas pensando sobre el mismo porqué, llegando a las mismas conclusiones o a otras distintas, desarrollando el arte marcial en lugar de conservarlo de forma estática. En segundo lugar, acostumbra a la mente a la flexibilidad. En lugar de imitar la técnica intentas que tu cuerpo aprenda el concepto y lo aplique cada vez en una forma distinta, así que tienes tanto tu mente como tu cuerpo en el ejercicio. Es más difícil, pero más recompensante.

Al trabajar en conceptos, otro elemento agradable es cuando descubres que tu cuerpo puede hacer cosas y reaccionar de modos que ni habías pensado, una vez que aprende lo que intentas enseñarle, claro.

El segundo motivo es la eficiencia. No digo que sea más efectivo que otros artes marciales, pero sí puedo decir que está más enfocado hacia la eficacia que los artes marciales que he visto hasta ahora, que están más enfocado hacia la competición (como el judo) o hacia la imitación (como el aikido o el sambo) Aún no he visto un arte marcial que se preocupe menos por el "cómo me atacan" que el wing tsun o la escrima. Tú vas a lo tuyo, esto es, a darlo todo. En inglés creo que lo llaman "submission" Atacar hasta que sea una victoria sin posibilidad de discusión. Nada de "un golpe, un ko", nada de ir al suelo, nada de usar dos manos para controlar una mano del otro, nada de "pero un tipo normal le haces eso y no te hace falta nada más" En clase partes de la idea de que si alguien quiere pegarte es porque es más fuerte, más grande, más rápido y más malo qe tú. Estás en desventaja moral, física y mental, así que tienes que acostumbrar a tu cuerpo a que cuando pueda pirarse, se pire, cuando tenga que pelear, que lo dé todo.

Una de las reacciones que menos he visto enseñar en artes marciales es avanzar hacia el ataque. En wing tsun es avanzar protegido, pero es avanzar, y eso tiene ventajas psicológicas. Alguien que te agrede, sea uno o varios, lo que esperan subconscientemente es que huyas, retrocedas, te achantes, etc. Si la respuesta que damos es una respuesta ofensiva, avanzando, eso causa sorpresa y nos da algo más de tiempo.

Tercero, plantea una idea realista de una pelea. Puede que estés en inferioridad numérica, que haya armas de por medio, que el otro sea más fuerte, que resista mejor el dolor, que sea un amigo borracho al que no quieres hacer daño de verdad... Y se enseña en consecuencia. Como he oído varias veces a mi profesor "Sabes cómo empieza una pelea pero no cómo acaba", así que te acostumbras a la idea de darlo todo porque no puedes confiar en la debilidad de tus agresores; de no pelear si no es estrictamente necesario porque siempre hay consecuencias, de salud, legales, sociales, etc; de que si hay armas estás jodido porque las armas son una ventaja que no puede ignorarse. Un maestro de un arte marcial tiene que ser muy bueno para defender sin armas un cuchillo de alguien que sepa manejarlo un poco. Con un palo aumentan sus posibilidades, pero tampoco tanto. Si te enfrentas a cuchillo sin armas, te van a cortar. Todo el entrenamiento que hagas sólo aumenta las posibilidades de que corten en sitios no mortales (o menos graves)

Por otro lado, y después de haber dicho tantas cosas agradables del wing tsun (y la escrima tiene asunciones parecidas), hay algo que encontré en aikido y no he encontrado en wing tsun ni escrima (ni tampoco en judo, aún menos en sambo), y es la introspección. No en los propios ejercicios, sino en la forma de dar la clase, en la cortesía, los modales, en unos breves momentos para llevar la mente a una actitud relajada y de atención antes de la clase, y luego de vuelta a la calma después de los ejercicios.

Ambos artes marciales me gustan bastante, cada uno por motivos distintos. En wing tsun y en escrima es principalmente la sensación sobre el propio cuerpo y la orientación a combate, mientras que en aikido es una dimensión un poco más espiritual, una sensación de estabilidad, de ligereza, de no fuerza.

Creo que ambas artes marciales son bastante recomendables, cada una por sus motivos. Fomentan una disciplina de trabajo, un ejercicio físico, ejercicios de sensación y control sobre el cuerpo, etc.

Las fotos son de José García Pérez, periodista y también practicante de wing tsun y escrima.

viernes, 26 de octubre de 2007

Cambios

En estos días pienso en los cambios que se han operado en mí en los últimos meses. Puedo intentar pensar que soy igual y que no he cambiado, pero lo cierto es que hay personas que sí se dan cuenta de los cambios, aunque no les gusten.

El cambio puede asustar a todo el mundo, no sólo a uno mismo, no sólo al que lo experimenta, sino también a todos aquellos que comparten las consecuencias. Supongo que ante los cambios de otra persona sólo se puede esperar adaptarse a ellos, o cambiar la propia relación. Lo de cambiar la relación es irónico, al fin y al cabo, es de esperar que cambie la relación entre dos personas que siguen cambiando.

El cambio en realidad parece más ser el estado natural de casi todo en esta vida. Hasta que no te paras a pensar en cosas demasiado pequeñas, difícilmente puedes esperar no encontrar cambios. El lunes mismo suele hacer que las personas cambien de humor, desde su estado mental de descanso del domingo por la mañana, el inicio de cierta desgana el domingo por la tarde, pensando en el trabajo del día siguiente, y el propio inicio del trabajo. Todo cambios, pero algunos de ellos son cíclicos, y quizá ahí resida la diferencia. Los cambios cíclicos son una rueda, se acaban convirtiendo en una rutina cómoda con la que uno puede sentirse seguro. Sin embargo, los cambios que dan miedo son distintos: son cambios que se parecen más a una evolución que a una rutina, y como tal "evolución" implican que las cosas no van a volver a ser como antes.

¿Es esto malo? Depende del cambio, por supuesto. De lo que estoy seguro es de que difícilmente se pueden volver atrás. Dejando a un lado aquellos que son producidos por el propio tiempo (la jubilación, la vejez, etc), los cambios que se producen en la actitud de alguien, en su personalidad, en cómo prefiere pasar el tiempo... Esos cambios son cambios en la propia persona, pero no creo que sean exactamente voluntarios, y por ello no creo que sean controlables ni reversibles. En particular, los cambios que se producen en una persona para ser capaz de adaptarse a unas nuevas circunstancias en su vida, son cambios que no tiene mucho sentido deshacer, ya que las circunstancias no volverán a ser las mismas, y no lo serán porque siempre estará el recuerdo de las nuevas.

Hace un tiempo dejé a mi novia, hubo muchos pensamientos, muchas reflexiones sobre los porqués y los porqué no, y hubo cambios en la rutina diaria: no la veía ni la llamaba como hacíamos cuando salíamos juntos. Ahora hemos vuelto, pero el tiempo que hemos pasado separados no puede desaparecer, ni tampoco los recuerdos de ese tiempo, así que los cambios producidos no pueden volver atrás.

Me hace recordar algo que decía Nietzsche "Lo que no nos mata, nos hace más fuertes". Si eso es así, entonces supongo que es natural que los cambios para fortalecerse no sean reversibles, al menos a través de la voluntad de cambiar. Son los motivos los que importan. La actitud, las emociones, la propia personalidad está influenciada por las decisiones, pero más bien por las consecuencias de las decisiones. Es como si el mecanismo de "realimentación" estuviera en la zona inconsciente de la mente, como si ella fuera la que aprendiera las lecciones de esas consecuencias y adaptara a ello la mente. Por supuesto que pueden cambiarse los actos a través de la voluntad, pero el problema está en la naturalidad. Lo que te sale natural no es fácil de cambiar, sino que tiene que ser un esfuerzo continuo para crear una reacción determinada.

Sé que es posible cambiar actitudes y facetas de la personalidad a través de la voluntad, pero también que tiene un límite. Cuando era más joven era muy introvertido. Me avergonzaba incluso llamar la atención, que se fijaran en mí, incluso para cosas "buenas" como alguna leve alabanza. No sabía como reaccionar ante esas situaciones, y eso hacía que reaccionara de formas extrañas, a veces ni siquiera reaccionaba, otras lo hacía de un modo hostil, para ahuyentar esa atención y volver a vivir en la penumbra de volar bajo el radar. En algún momento decidí que no quería seguir siendo así, y traté de forzarme a cambiar. A cambiar esa actitud, a tratar de reaccionar mejor, a tratar de relacionarme con más soltura... Sé que he cambiado, y que lo he conseguido en cierta medida. También sé que he tardado tiempo, he tenido que dedicarle esfuerzo, y que ha sido precisamente así: "en cierta medida" Los límites del potencial no pueden superarse. (De ser así, los límites no estarían allí)

Supongo que así son muchas cosas en la vida, puedes aprender y practicar, pero las capacidades naturales que tienes definen hasta dónde puedes llegar. Por muchas pesas que hagas no podrás levantar tanto peso como una persona que entrene lo mismo pero cuyo cuerpo tenga mayores capacidades de desarrollo que el tuyo. Por mucho que escriba o dibuje, nunca lo haré tan bien como alguien que tenga talento de verdad. Por mucho que entrene artes marciales nunca pelearé tan bien como otro que tenga mejores dotes de combate y entrene lo mismo que yo. Precisamente porque los límites de cada uno están donde acaba el potencial de las capacidades con las que nació. Intentar ir más allá es como querer cambiar el color de los ojos a fuerza de voluntad.

Podría parecer fatalista, hablando así de la determinación de las capacidades naturales y todo eso, pero en realidad sólo es una palabra de realismo. Y ahora la palabra de realismo optimista: el potencial por sí solo no es más que potencial. Parece obvio, pero piensa un poco más en eso. El potencial es potencial, no es nada. El potencial que tiene tu cuerpo para ser más fuerte no te hace más fuerte, sólo te da ese camino. Llegar al límite de tus capacidades naturales es lo que puedes hacer. No puedes hacer más de lo que puedes (Perogrullo: si has podido llegar a diez es porque podías superar nueve, si no podías superar nueve no has podido llegar a diez) Todos hemos nacido con un potencial para cambiarnos a nosotros mismos. Todos nacemos con límites a cuánto podemos crecer. Por suerte (o desgracia) no tenemos suficiente tiempo en la vida para llegar a los límites de nuestras capacidades (no de todas, al menos), así que no podemos sentirnos tan atrapados. Tenemos los caminos que tenemos y los potenciales que tenemos, pero es como la vida: es cosa nuestra decidir qué camino tomamos, que potencial tratamos de aprovechar, como qué hacemos con el tiempo de vida que tenemos.

Sé que me he desviado del tema del principio, pero la naturalidad es lo que tiene ;-)

jueves, 4 de octubre de 2007

La ilusión

Este es un tema algo complicado, bastante más de lo que se podría pensar al principio. ¿De qué depende la ilusión por las cosas?

Hace poco hablaba con una amiga sobre los cumpleaños. Al principio te hace ilusión cuando se acerca ese día, pero poco a poco se puede ir perdiendo. No sé vosotros, pero en los últimos dos años me levanté el día de mi cumpleaños sin recordar que lo era hasta que no me felicitó alguien. Es como si no tuviera importancia, como si no fuera nada destacable. El hecho de haber perdido esa importancia supongo que es lo que hace que se pierda también la ilusión.

De hecho, la ilusión puede perderse por más cosas aún. Hace sólo unos meses dejé a mi ahora ex-novia. ¿Por qué? Podría resumirlo con que yo no había sido lo bastante honesto conmigo mismo, y eso me impidió serlo con ella. Podría hablar más sobre ello, pero sólo he sacado el tema porque el pensar sobre esos problemas son los que me hicieron ir olvidando la ilusión de ser una de las partes en una pareja. Ahora sé cosas que quiero y a las que no quiero renunciar, no son cosas muy importantes en sí mismas, pero sí lo es el hecho de haber estado ignorando (o tratando de ignorar) el hecho en sí, que quiero tenerlas en mi vida. Son sólo cosas, aficiones o deseos, pero siguen ahí. Varias filosofías orientales dicen que el deseo es la causa del sufrimiento, pero creo que la represión también lo es, especialmente la autorepresión, porque actúa dentro de tu cabeza, no puedes escapar a ella. Esa represión causa un conflicto entre lo que eres y lo que intentas ser. Si lo que pretendes es cambiar defectos de ti mismo, que tú consideras defectos, no es represión sino deseo de superación, pero de lo que estoy hablando es de intentar cambiar cosas que en realidad ni quieres cambiar ni tienes porqué.

Tomé decisiones erróneas en aquel momento y por culpa de ello (es decir, por culpa mía) acabé haciendo daño a otra persona. Y entonces te da por pensar que puede volver a ocurrir. Que no tiene sentido volver a intentarlo porque tu propia negativa a renunciar a parte de tu antigua vida impide disfrutar plenamente de la nueva. Y pierdes la ilusión, porque sabes que no puedes tener más de lo que abarcan tus manos (es una metáfora) pero te gustaría.

Y luego sucede algo que vuelve a encender una luz. Es como si te hubieras sentado en la oscuridad, en una esquina, y pensaras en dormir un poco, hasta que se desvanezca la oscuridad o te acostumbres a ella. No es tan malo, claro, porque en la vida hay más de un campo (el trabajo, los amigos, cada afición...) pero dentro de ese campo es la sensación que te da. Y quizá te das cuenta de que hay una luz pequeña cerca de ti. Puede que no dure mucho, pero eso no lo sabes, y lo que cuenta es que algo ha cambiado, y vuelve a haber algo de ilusión.

De todos modos, aún con ilusión, cautela. Al fin y al cabo, una vela también se apaga si la tratas sin cuidado. La ilusión es como un reclamo que nos llama, pero es la mente lo que nos permite avanzar sin caernos.

Es otro elemento más al que prestar atención en la vida.

Cuidáos.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La lealtad

Últimamente pienso en la lealtad como algo que sobre todo debes tener contigo mismo. Creo que cuando te enfrentas a ti mismo y a tus ganas de esconderte, de escurrir el bulto, cuando ganas, te sientes más cómodo. Es como si hubieras estado escondiéndote por los rincones, doblado bajo el peso del miedo a aceptar tus errores.

Conozco personas que dicen que aceptan sus fallos, pero más que aceptarlos, presumen de hacerlo. Nunca nombran los fallos que cometen, si nombran alguno no es uno de los que han cometido sino una excusa para presentarse como víctimas de las circunstancias o de otras personas y sus exigencias. Este tipo de persona es el tipo que no se atreve a hablar honestamente consigo misma, pero es peor todavía, porque quizá ha llegado a engañarse lo suficiente como para no hablarse seriamente y creer que sí lo hace. Creer que sí es valiente. Las personas que no se autoexaminan por temor a lo que puedan encontrar, las que saben que no lo hacen pero lo evitan y tratan de no pensar en ello, al menos tienen más fácil el poder llegar algún día a hacerlo. Cada persona debe tomar sus propias decisiones, pero si no eres lo bastante leal a tus opiniones y tus sentimientos eso puede llevar a problemas. En primer lugar, tomarás decisiones que en realidad no quieres tomar sólo porque no sabes lo que quieres. En segundo lugar, puede que algún día sí seas fiel a ti mismo y trates de echar la culpa de tu anterior infidelidad sobre los demás, lo cual no sólo es injusto sino que es volver al camino de autoengaño y automartirio que en otras personas he visto. En tercer lugar, y ya menos grave, está el problema de retomar decisiones. De corregir decisiones que no debiste hacer. No digo que no hayan merecido la pena, en particular he cometido algún error en cuanto a conocerme a mí mismo que ha costado tiempo y lágrimas tanto para mí como para otra persona especialmente querida, pero aún así no lamento la decisión que tomé, porque han sido los años más felices que he vivido.

Probablemente pienses que cuando digo que hay que tener lealtad hacia uno mismo estoy descuidando a los demás, y promulgando el egoísmo como filosofía y modo de vida, pero lo cierto es que pienso que siendo leal a tus propias decisiones, a ti mismo, siendo honesto contigo mismo, es la única forma en la que puedes ser honesto con los demás. Si te intentas engañar a ti mismo ¿piensas que esos engaños no influirán en los que te rodean? Por otro lado, cuando te eres fiel a ti mismo hablas como piensas, eres sincero con los demás porque te aceptas de un modo tan completo que no te preocupa tanto cómo te vean las personas de tu alrededor. Quienes quieran estar contigo estarán contigo tal como eres porque eres tal como te muestras y tal como te ven, los que no quieran estarlo, bueno. ¿Por qué ibas a obligar a alguien a que te aprecie cuando no lo hace? Ni siquiera digo cosas como "ellos se lo pierden", porque no están perdiendo sino eligiendo. Y eligen lo que quieren hacer. Y si no, bueno, entonces es que hay algo en lo que se engañan a sí mismos, y por mucho que te lo digan, nadie puede cambiarte salvo tú. Tú decides, como siempre.

Lealtad también significa que eres responsable de lo que haces, de lo que dices y de lo que piensas. Pero el primero ante el que eres responsable, eres tú mismo. Si tú te traicionas a ti mismo no sólo perderás tiempo (y el tiempo es vida), sino que otros lo perderán. Tendrás relaciones que no son lo que querrías que fueran y los demás tendrán relaciones basadas en las mentiras que tú mismo te cuentas.

No te tomes esto de forma personal, no digo que tú lo hagas. Además, si lo haces, es cosa tuya. Si estás leyendo esto, y no eres honesto (u honesta) contigo mismo, entonces puede que te sirva como una llamada de atención o puede que no te sirva para nada más que quizá para sentirte incómodo. Supongo que cuando estás preparado para aceptar ciertas cosas es cuando las aceptas, y no antes.

En fin, voy a dejaros ya por ahora. Si tenéis cosas que decirme, ya sabéis cómo hacerlo.

Cuidaos mucho.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Remordimientos

Es normal mirar al pasado, todo el mundo lo hace. Incluso puede ser bueno. Sin embargo, los remordimientos...

El remordimiento es el lamentar haber realizado una mala acción, haber tomado una mala decisión, etc. El remordimiento no tiene utilidad. Es la seducción de autoculparse, de buscar motivos para dejar de confiar en uno mismo, para creerse más débil de lo que eres. ¿Por qué alguien querría creerse más débil de lo que es? De las personas fuertes se espera que se enfrenten y venzan a los problemas, y si no lo hacen reciben desprecios, malas miradas, etc. Pero los débiles pueden escudarse en su debilidad. El propio pensamiento de "pero si ni siquiera fui capaz de hacer aquello ¿cómo alguien podría esperar que hiciera esto?", ese, es el que nos debilita. Nos acostumbra a la idea de ceder al desánimo, de no luchar contra nuestras dificultades.

Estoy de acuerdo en que luchar contra las dificultades sólo por ellas no siempre es sano. Imagino una persona con algo de vértigo o algo de miedo a las alturas, que empieza a escalar y que sigue escalando en gran medida para vencer ese miedo. Me parece adecuado. Pero no me lo parecería si tuviera un vértigo pronunciado o una fobia importante, porque estaría exagerando y poniéndose en peligro de forma innecesaria. Es sólo paso a paso como se avanza. Si tropiezas cuando caminas puedes rasparte las rodillas y las manos, pero difícilmente vas a romperte un hueso. Si tropiezas cuando corres a toda velocidad... Seguro que sabes a qué me refiero. Descubres las cosas que no te gustan en ti mismo y piensas si puedes aceptar que sigan ahí, o estás dispuesto a trabajar para quitarlas. Y si quieres quitarlas, poco a poco, un escalón por vez.

Creo que es bueno luchar contra las dificultades, pero para ello debes tener confianza en superarlas. Si piensas "no voy a dejarme desanimar por esto" probablemente es que ya sientes el desánimo. No digo que sea un fallo, digo que puede servir como señal de alarma, reconocer que ya te está afectando negativamente y no ignorar ese hecho ni fingir que no existe, sino luchar contra él. Combatir ese desánimo a base de crear confianza y poder pensar "¿Ves? No había tantos motivos para desesperarse" Y crear confianza suena fácil, pero es más complicado hacerlo. Al principio es atreverse con las cosas con las que casi no te atrevías, las que te ponían lo bastante nervioso como para no hacerlas pero no lo bastante como para no atreverte con un esfuerzo. Y empiezas a tomar esos pasos y a ver lo que pasa, y a analizarlo con frialdad. A veces fallarás porque estabas equivocado en la acción, en el modo de llevarla a cabo o en lo que sea, pues analiza ese fallo, busca qué cosas lo han hecho inadecuado, y corrígelas para la siguiente vez. De ese modo puedes ir construyendo confianza. Es lento y difícil, pero muchas situaciones que encuentres en la vida serán lentas y difíciles. Si fuera fácil ya lo habrías hecho.

El problema es que la confianza puedes perderla, y a eso contribuyen los remordimientos. Los remordimientos acaban ahogándote si les dejas, así que no puedes dejarles. Considera la causa del remordimiento. Esa mala acción, esa mala decisión. Cuando lo hiciste ¿realmente sabías que estaba mal? ¿O te enteraste después? Muchas veces se oye decir "Si lo hubiera sabido, no lo habría hecho" Una acción de la que puedas honestamente pensar eso, es una acción que no merece remordimiento. Las acciones que pueden merecer remordimiento son las que tomas sabiendo que tienes una opción mejor. Y en esos casos el remordimiento sólo debes usarlo para enseñarte a ti mismo que la próxima vez debes hacer lo que creas que es mejor. Si escoges otra cosa, que sea por algo, aunque sea una razón emocional de "no me atrevo". Si no te atreves, entonces no eres capaz. Conviértete en capaz o aprende a vivir con tu incapacidad. Esas son las opciones que tienes.

En conclusión, el remordimiento es un lastre. Acepta los errores que cometes, pero no te tortures por ellos ni dejes que se conviertan en un fardo que te enlentezca: aprende de ellos y sigue adelante. Eso es aprender. Eso es la vida.